• Imagen 1 HISTORIA DE LOS HIMNOS
    Conocer cual fue la inspiracion de nuestros himnos es conocer nuestra propia historia, detras de cada alabanza hay un proposito de Dios para nuestras vida
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Educando la voz, el carácter y el ánimo

"Puso luego en mi boca cántico nuevo, alabanza a nuestro Dios. Verán esto muchos y temerán." (Salmos 40: 3.) 

He pensado con cuánto gozo nos contemplarían los ángeles desde el cielo si todos alabáramos a Dios y morásemos en Cristo. Si en verdad hay gozo pleno para el cristiano, ¿por qué no lo poseeremos y lo manifestaremos al mundo? . . .

Dentro de muy poco Cristo vendrá en poder y gran gloria, y, ¡qué terrible será si no estamos listos!  Preparémonos de una vez. Separad el mal de vosotros, comenzad a cantar el canto de alabanza y a regocijarnos aquí abajo. . . Entonen vuestros labios alabanzas a Dios. . . 

Los ángeles en el cielo están alabando a Dios todo el tiempo, y aquí hay mortales por los cuales Cristo dejó el celeste hogar y sufrió burlas, insultos y muerte para llevarnos a morar con  él en los lugares celestiales, y ellos no ofrecen canto de alabanza.

Si estáis sentados en los lugares celestiales con Cristo, no podréis dejar de alabar a Dios. Comenzad a educar vuestras lenguas para alabarlo, y enseñadles a vuestros corazones a hacer melodías para Dios; y cuando el maligno comience a echar sombras a vuestro alrededor, cantad alabanza a Dios. Cuando las cosas anden mal en vuestros hogares, elevad una canción a las incomparables virtudes del Hijo de Dios, y os digo que cuando toquéis estos acordes, Satanás os dejará. Podréis echar afuera al enemigo con su tristeza; ... y veréis con mucho mayor claridad el amor y la compasión de vuestro Padre celestial (Review and Herald, 5 de agosto, 1890).

Los que entran en sagrada relación con el Dios del cielo no son dejados en la debilidad y flaqueza de su naturaleza. . . El mundo pierde toda su atracción sobre ellos, porque buscan una patria mejor, un mundo eterno, una vida que perdurará por los siglos sin fin. Esto constituye el tema de su pensamiento y de su conversación.  La palabra de Dios llega a ser preciosísima para ellos, y disciernen las cosas espirituales. Se regocijan en la "bienaventurada esperanza y la manifestación gloriosa de nuestro gran Dios y Salvador Jesucristo" (Tito 2: 13). Anhelan ver al Rey en su hermosura y a los ángeles que nunca cayeron y el país de eterna belleza (Id., 16 de septiembre, 1890).
Viernes 29 de marzo, CANTOS DE ALABANZA. Meditación: En lugares celestiales.

Aunque se nos exhorta a no dejar nuestras reuniones, esas asambleas no han de ser meramente para nuestro refrigerio. Debemos sentir mayor celo para impartir el consuelo que hemos recibido.  Debemos ser muy celosos para la gloria de Dios y no atraerle oprobio, ni aun por la tristeza de nuestro rostro ni por palabras imprudentes, como si los requerimientos de Dios restringieran nuestra libertad.  Aun en este mundo de pesar, desengaño y pecado, desea el Señor que estemos alegres y fuertes en su fortaleza.  Todo el ser tiene el privilegio de dar un testimonio decidido en todo respecto.  Mediante nuestro semblante, genio, palabras y carácter, debemos testificar que el servicio de Dios es bueno.  Así proclamamos que "la ley de Jehová es perfecta, que vuelve el alma." (Sal. 19: 7.)

La fase alegre y alentadora de nuestra religión será representada por todos los que se consagran diariamente a DiosNo debemos deshonrar a Dios con un lastimero relato de las pruebas que parecen gravosas.  Todas las pruebas que se reciban como medios de educarnos producirán gozo.  Toda la vida religiosa será elevadora y ennoblecedora, fragante de buenas palabra y obras.  Agrada al enemigo que las almas estén deprimidas, abatidas, llorosas y quejozas; quiere que así sean precisamente las impresiones que deje el efecto de nuestra fe.  Pero Dios quiere que la mente no se rebaje a un nivel inferior.  Desea que cada alma triunfe con el poder custodio del Redentor.  El salmista dice: "Dad a Jehová, oh hijos de fuertes, dad a Jehová la gloria y la fortaleza.  Dad a Jehová la gloria debida a su nombre: humillaos a Jehová en el glorioso santuario."  "Glorificarte he, oh Jehová; porque me has ensalzado, y no hiciste a mis enemigos alegrarse de mí.  Jehová Dios mío, a ti clamé y me sanaste. . . . Cantad a Jehová, vosotros sus santos, y celebrad la memoria de su santidad." (Sal. 29: 1, 2; 30: 1-4.) 

La iglesia de Dios en la tierra es una con la iglesia de Dios en el cielo.  Los creyentes de la tierra y los seres del cielo que nunca han caído constituyen una sola iglesia.  Todo ser celestial está interesado en las asambleas de los santos que en la tierra se congregan para adorar a Dios.  En el atrio interior del cielo escuchan el testimonio que dan los testigos de Cristo en el atrio exterior de la tierra, y las alabanzas de los adoradores de este mundo hallan su complemento en la antífona celestial, y el loor y el regocijo repercuten por todos los atrios celestiales porque Cristo no murió en vano por los caídos hijos de Adán.  Mientras que los ángeles beben en el manantial principal, los santos de la tierra beben los raudales puros que fluyen del trono y alegran la ciudad de nuestro Dios.  ¡Ojalá que todos pudiesen comprender cuán cerca está el cielo de la tierra!  Aun cuando los hijos nacidos en la tierra no lo saben, tienen ángeles de luz por compañeros.  Un testigo silencioso vela sobre toda alma, tratando de atraerla a Cristo.  Mientras haya esperanza, hasta que los hombres resistan al Espíritu Santo para eterna ruina suya, son guardados por los seres celestiales.  Recordemos todos que en cada asamblea de los santos realizada en la tierra, hay ángeles de Dios escuchando los testimonios, himnos y oraciones.  Recordemos que nuestras alabanzas quedan suplidas por los coros de las huestes angélicas en lo alto.

Por lo tanto, mientras nos reunimos sábado tras sábado, cantemos alabanzas a Aquel que nos llamó de las tinieblas a su luz admirable. "Al que nos amó, y nos ha lavado de nuestros pecados con su sangre," rinda adoración el corazónSea el amor de Cristo el tema principal de lo que dice el predicador. Sea lo que se exprese con sencillo lenguaje en todo himno de alabanza.  Dicte la inspiración del Espíritu de Dios nuestras oraciones.  Mientras se pronuncie la palabra de vida, atestigüe nuestra sentida respuesta que hemos recibido el mensaje como mensaje del cielo.  Esto es muy anticuado, lo sé, pero es una ofrenda de agradecimiento a Dios por el pan de vida dado al alma hambrienta.  Esta respuesta a la inspiración del Espíritu Santo será una fuerza en nuestra propia alma y un estímulo para otros.  Dará cierta evidencia de que hay en el edificio de Dios piedras vivas que emiten luz.

Mientras repasemos, no los capítulos obscuros de nuestra experiencia, sino las manifestaciones de la gran misericordia y del inagotable amor de Dios, alabaremos mucho más de lo que nos quejaremos.  Hablaremos de la fidelidad amante del Dios que, como compasivo y tierno pastor de su rebaño, declaró que nadie arrancará de sus manos a sus ovejas.  El lenguaje del corazón no será una egoísta murmuración y queja.  Como raudales cristalinos, las alabanzas brotarán de los que creen verdaderamente en Dios. "Ciertamente el bien y la misericordia me seguirán todos los días de mi vida: y en la casa de Jehová moraré por largos días."  "Hasme guiado según tu consejo, y después me recibirás en gloria. ¿A quién tengo yo en los cielos?  Y fuera de ti nada deseo en la tierra." (Sal. 23: 6; 73: 24, 25.)

¿Por qué no elevar la voz de nuestros cánticos espirituales en nuestras peregrinaciones?  ¿Por qué no volver a nuestra sencillez y fervor?  La razón por la cual no estamos más gozosos consiste en que hemos perdido nuestro primer amor.  Seamos, pues, celosos y arrepintámonos, no sea que nuestro candelero sea quitado de su lugar. 

El templo de Dios está abierto en el cielo, e inunda su umbral la gloria de Dios destinada a toda iglesia que ame a Dios y guarde sus mandamientos.  Necesitamos estudiar, meditar y orar. Tendremos entonces visión espiritual para discernir los atrios interiores del templo celestial.  Percibiremos los temas de los himnos y agradecimientos del coro celestial que está alrededor del trono.  Cuando Sión se levante y resplandezca, su luz será muy penetrante y se oirán preciosos himnos de alabanza y agradecimiento en las asambleas de los santos. Cesarán las murmuraciones y quejas por pequeñas desilusiones y dificultades. Mientras apliquemos el colirio áureo, veremos las glorias venideras.  La fe penetrará las densas sombras de Satanás y veremos a nuestro Abogado ofreciendo el incienso de sus propios méritos en nuestro favor.  Cuando veamos esto tal cual es, como el Señor desea que lo veamos, nos embargará un sentido de la inmensidad y diversidad del amor de Dios.

Dios enseña que debemos congregarnos en su casa para cultivar los atributos del amor perfecto.  Esto preparará a los moradores de la tierra para las mansiones que Cristo ha ido a preparar para todos los que le aman.  Allí se congregarán en el santuario de sábado en sábado, de luna nueva en luna nueva, para unir sus voces en los más sublimes acentos de alabanza y agradecimiento a Aquel que está sentado en el trono y al Cordero para siempre jamás.  
JOYAS DE LOS TESTIMONIOS TOMO 3 p. 31

El cantar de los ángeles

Llamativa la declaración que realiza la mensajera del Señor respecto a los cánticos celestiales: “[Muchos profesos cristianos] no conocen el lenguaje del cielo, y no están educando sus mentes para estar preparados a fin de poder cantar los himnos del cielo, o deleitarse en los ejercicios espirituales que allí, recibirán la atención de todos (37S 88).” Uno podría hablar de la música que se escucha en iglesias y congregaciones, radios y librerías cristianas. Te propongo que con la imaginación te traslades a las cortes celestiales, donde querubines, serafines y demás ángeles cantan a nuestro gran Dios y su Hijo Jesucristo. ¿Que música escucharías? ¿Cuales serían los ritmos, las voces y los cantos que entonarían las inteligencias celestiales? Veamos los siguientes puntos de alguien que no se imagino estas escenas, las vió y escribió tal como sucedieron.

La música en el cielo.
Vi la belleza del cielo. Oí a los ángeles cantar sus himnos arrobadores, tributando alabanza, honra y gloria a Jesús. Pude entonces tener una vaga percepción del prodigioso amor del Hijo de Dios (3TS 18).
Los ángeles como instrumentistas.
Se me ha mostrado el orden, el orden perfecto del cielo, y me he sentido arrobada mientras escuchaba la música Perfecta que hay allí. Después de salir de la visión, el canto aquí me ha sonado muy duro y discordante. He visto compañías de ángeles, de pie bajo una concavidad acústica, teniendo cada uno un arpa de oro. Cada arpa tenía en uno de sus extremos un instrumento para ajustarla o cambiarle el tono. Los dedos de los ángeles no se deslizaban descuidadamente sobre las cuerdas, sino que tocaban diferentes cuerdas para producir los diferentes sonidos. Siempre hay un ángel que dirige, el que primero toca el arpa y da el tono; entonces, todos se unen en la rica y perfecta música del cielo. Es algo que no puedo describir. Es una melodía celestial divina, mientras de cada rostro se proyecta la imagen de Jesús, brillando con una gloria inexpresable (1T 146).
Música arrobadora y tonos melodiosos.
Transportese repentinamente al cielo a estos hombres y mujeres que están satisfechos con su condición de enanos e inválidos en las cosas divinas, y hágaseles considerar por un instante el alto y santo estado de perfección que reina siempre allí, donde toda alma está llena de amor, donde todo rostro resplandece de gozo, y se elevan melodiosos acentos de música arrobadora en honor de Dios y del Cordero (3TS 90).
Las almas redimidas son temas para cantos.
El alma redimida y limpiada de pecado, con todas sus nobles facultades dedicadas al servicio de Dios, es de un valor incomparable; y hay gozo en el cielo delante de Dios y de los santos ángeles por cada alma redimida, gozo que se expresa con cánticos de santo triunfo (CC 126) 
Eco del canto de los ángeles en nuestros hogares.
Al conducirnos nuestro Redentor al umbral de lo infinito, inundado con la gloria de Dios, podremos comprender los temas de alabanza y acción de gracia del coro celestial que rodea el trono, y al despertarse el eco del canto de los ángeles en nuestros hogares terrenales, los corazones serán acercados más a cantores celestiales. La comunión con el cielo empieza en la tierra. Aquí aprendemos la clave de su alabanza (Ed 168).
El agradecimiento es la clave del cielo.
Surgiría dificultades que probarán su fe y su paciencia. Enfréntese a ellas con valor. Mire el lado, brillante. Si la obra es estorbada, cerciórese de que no es su falta, y entonces siga adelante, regocijándose en el Señor. El cielo está lleno de gozo. Resuena con las alabanzas a Aquel que hizo un sacrificio tan maravilloso para la redención de la raza humana. ¿No debería la iglesia en la tierra estar también llena de alabanza? ¿No deberían los cristianos publicar por todo el mundo el gozo, de servir a Cristo? Los que en el cielo se unan con el coro angélico en su cántico de alabanza, deben aprender en la tierra el canto del cielo, cuya clave es la acción de gracias (7T 244).
Alabad a Dios.
"El que sacrifica alabanza me honrara" (Sal. 50: 23), dice el Señor. Todos los habitantes del cielo se unen para alabar a Dios. Aprendamos él canto de los ángeles ahora, para que podamos cantarlo cuando nos unamos a sus huestes resplandecientes. Digamos con el salmista: "Alabaré a Jehová en mi vida: cantaré salmos a mi Dios mientras viviere". "Alábente los pueblos, oh, Dios: todos los pueblos te alaben" (PP 294).
La adoración en las cortes celestiales.
La música parte de la adoración a Dios en las cortes celestiales, y debemos tratar de acercarnos lo más posible a la armonía de los coros celestiales en nuestros cantos de alabanza. El adecuado adiestramiento de la voz es una característica importante de la educación y no debiera, descuidarse (ST 14-3-1900).

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